martes, 5 de octubre de 2010

Holanda y su contra-yihad


Un gobierno se forma en teoría para defender los intereses de los ciudadanos de un lugar, pero muchas veces confundimos los términos y caemos en errores que pueden no solo costarnos muy caros a nosotros como personas, sino como sociedad e incluso costarle a otras muchas personas cosas mucho mas importantes y menos banales que una simple deformación de la realidad.

En una sociedad justa, han de tenerse en cuenta muchísimas cosas antes de formar un gobierno, y la más básica de las ideas es tener bien claro el concepto de ciudadano. Un ciudadano no es otra cosa que el habitante de una ciudad, con independencia de la procedencia. Yo, a pesar de ser sevillano, si me mudara a Madrid, a nadie se le ocurriría negarme el derecho de ser ciudadano de esa ciudad, porque entre otras cosas, cumplo con mis deberes, pago mis impuestos, como el resto.
Por lo tanto, cuando hay un proceso electoral, debería ser imprescindible que los partidos políticos que se presenten a las elecciones, no incorporen entre sus filas a personas, o ideas en sus programas, que atenten contra los intereses de la realidad de sus ciudadanos, ya sea hacia el colectivo gay, inmigrante o religioso.

Todo el mundo ha oído durante estos días hablar del caso de Francia y su esperpéntico presidente que proponía una ley para expulsar a los gitanos rumanos de Francia, basándose solo en un prejuicio racial, pero nadie parece darse cuenta que esto pasa a diario en el resto de Europa, y que hay países, como el nuestro y Holanda, que admiten entre sus opciones de voto a partidos políticos que basan su discurso en el odio, la xenofobia y el racismo.

En el caso de Holanda, de hecho, este grupo se ha convertido en el tercer grupo parlamentario mas votado del país, suponiendo esto que para gobernar, el partido que ganó las elecciones ha tenido que hacer una alianza con ellos.

Su lider, el autodeclarado antimusulmán Geert Wilders, se enfrenta ahora a un juicio por incitar al odio, proferir insultos y discriminación contra los musulmanes, habiéndose ratificado en todos sus comentarios y discursos por los que se le juzga. Siendo esto ya de por si un acto de descarada desfachatez, éste dirigente político recusó inmediatamente a la sala entera e intentó que cambiaran a los tres jueces que le juzgarán porque según él los jueces ya tienen una idea preconcebida y sobre él, y por lo tanto serían parciales.

Este acto de provocación, aparte de suponer un delito, al menos lo es en España; se llama desacato a un tribunal, fue desestimado, pero es cuanto menos paradójico que alguien que se basa en ideas preconcebidas para pedir la prohibición de entrada de inmigrantes musulmanes en Holanda, y no solo de musulmanes, sino que de cualquier inmigrante no occidental, sacándose de la manga una comparación entre el Corán y el Mein Kampf de Hitler; la cual no tiene ni pies ni cabeza, porque parece ser él mas cercano a las ideas expuestas por Hitler que los musulmanes, pretenda ahora ser juzgado sin sufrir prejuicios ni parcialidad.

El hecho en si, no le supondría mucho a este señor, pues por los cinco delitos concretos la pena máxima podría ascender a 16 meses de cárcel y hasta 10.000 euros de multa, pero desde el otro lado de la cera, los inmigrantes, sufren día a día este tipo de prejuicios que solo sirve para deteriorar el nivel de vida de personas que vienen a buscar un futuro porque nuestros países se benefician de sus condiciones de vida, ya sea implantando allí nuestras fábricas pagando sueldos ínfimos, ya sea apoyando regimenes totalitarios y basados en la violencia y el exterminio, o incluso con terroristas asesinos, como Al-Gaddafi, como máximos mandatarios.
 
Desde aquí parece un problema sola y exclusivamente de ellos, pero si un jefe de estado, de un país democrático como España, recibe en su palacio a semejante asesino tratándolo con privilegios, algo falla; quizás algún interés haya de mas.

No hace falta rebuscar muy hondo para darse cuenta que nuestros gobiernos y empresarios se lucran a costa de gente de otros países mas pobres, ya sea llevándose las fábricas para pagarles sueldos infrahumanos, ya sea trayendo mano de obra ilegal. No puede explicarse que si yo voy en avión e intento introducir un cortaúñas o un simple mechero me detecten y me detengan a los dos segundos; y mientras miles y miles de inmigrantes pasan las fronteras, supuestamente sin control; y muchos con droga para pagar su deuda con los traficantes de personas; y nadie se da cuenta.
Olvidando en si el problema que supone que una persona pueda ser considerada ilegal o criminalizada simplemente por vivir en un sitio habiendo nacido en otro, a pesar de que siga pagando impuestos por todo lo que compra, como cualquier nativo de esa zona.

Todo esto se reduce, como siempre, en un recorte de derechos de los que menos tienen, y un desvío progresivo de atención sobre los problemas reales de nuestra sociedad, los cuales creo que están muy lejos de ser tan simples como que una persona viva en un país o en otro, sino que se complican de verdad cuando esa misma clase privilegiada, que tanto reivindica la expulsión o ilegalización de ciertos sectores, a la vez se beneficia de ellos; porque siendo sinceros, no me imagino yo a ningún inmigrante diciendo a su patrón que no necesita pagarle 1000 euros, que con 400 y sin seguro él se conforma, pero la necesidad manda, y de eso se aprovecha la gran mayoría, siendo ellos los grandes beneficiados al no pagar seguridad social.

Estas son las bases que nos proponen para conseguir una gran sociedad justa, laica y que cuida los intereses de sus ciudadanos; aunque no sea de todos, y que si no les convienes, a la calle, porque ellos son los que tienen el poder y pueden reinventar el concepto de ciudadano tantas veces como les plazca mientras solo nos preocupemos de que la ex de un torero se ha vuelto a separar y mañana saldrá otra vez en los programas de sobremesa.

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